Nutrición y alimentos
Es el patrón de alimentación con más pruebas para evitar un o un ictus. Consiste en mucha verdura, fruta, legumbres, cereales integrales, frutos secos y pescado, con aceite de oliva como grasa principal, y poca carne (sobre todo roja y procesada), pocos lácteos grasos y pocos dulces. En personas de 55 a 80 años con alto riesgo pero sin enfermedad, seguirla con aceite de oliva virgen extra o con 30 g diarios de frutos secos redujo un 31 % y un 28 % los eventos cardiovasculares mayores en unos 5 años frente a una dieta baja en grasa; el efecto más claro fue sobre el ictus (de 24 a 14 casos por cada 1.000 personas). En quienes ya tuvieron un infarto u otra enfermedad coronaria también funciona: en CORDIOPREV hubo unos 28 eventos al año por cada 1.000 personas con dieta mediterránea frente a unos 38 con dieta baja en grasa (alrededor de un 25 % menos), sobre todo en hombres; en el estudio de Lyon, tras un primer infarto, las muertes cardiacas e infartos no mortales bajaron de 44 a 14 en unos 4 años. No hace falta perder peso para obtener el beneficio y no se han descrito efectos adversos relevantes.
Fuente: American College of Cardiology (ACC) y American Heart Association (AHA) (Arnett DK y cols.). Circulation 2019;140(11):e596–e646; European Society of Cardiology (ESC) y 12 sociedades médicas, con la contribución especial de la European Association of Preventive Cardiology (EAPC) (Visseren FLJ, Mach F y cols.). European Heart Journal 2021;42(34):3227–3337 (consultada en su traducción oficial, Russian Journal of Cardiology 2022;27(7):5155); Delgado-Lista J y cols. (CORDIOPREV). The Lancet 2022;399(10338):1876–1885 (resumen en PubMed, PMID 35525255). Registro NCT00924937; de Lorgeril M y cols. Circulation 1999;99(6):779–785 (resumen en PubMed, PMID 9989963); Cochrane Database of Systematic Reviews (Rees K y cols.) 2019;3:CD009825 (texto en PMC, PMC6414510; PMID 30864165); Estruch R y cols. (PREDIMED). New England Journal of Medicine 2018;378(25):e34 (resumen en PubMed, PMID 29897866). Registro ISRCTN35739639
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2019 ACC/AHA Guideline on the Primary Prevention of Cardiovascular Disease
La guía estadounidense de prevención primaria cita las dietas mediterránea y vegetales como patrones asociados a menos enfermedad cardiovascular, y reconoce que hay pocos ensayos grandes con eventos clínicos.
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2021 ESC Guidelines on cardiovascular disease prevention in clinical practice
La guía describe que seguir la dieta mediterránea se asocia con un 10 % menos de enfermedad y muerte cardiovascular y un 8 % menos de mortalidad total, y que en 5 años la versión con frutos secos redujo un 28 % y la versión con aceite de oliva virgen extra un 31 % la enfermedad cardiovascular aterosclerótica frente a la dieta de control. Añade que pasar de una dieta basada en productos animales a otra más vegetal puede reducir ese riesgo.
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Long-term secondary prevention of cardiovascular disease with a Mediterranean diet and a low-fat diet (CORDIOPREV): a randomised controlled trial
1.002 pacientes de 20 a 75 años con enfermedad coronaria establecida (edad media 59,5 años; 82,5 % hombres), asignados a dieta mediterránea o dieta baja en grasa con seguimiento de 7 años. El objetivo principal (infarto, revascularización, ictus isquémico, enfermedad arterial periférica o muerte cardiovascular) ocurrió en 87 personas con dieta mediterránea y 111 con dieta baja en grasa (28,1 frente a 37,7 por 1.000 personas-año); HR ajustado entre 0,719 (IC 95 % 0,541–0,957) y 0,753 (0,568–0,998). En hombres el efecto fue mayor (16,2 % frente a 22,8 %; HR 0,669); en las 175 mujeres no hubo diferencia.
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Mediterranean diet, traditional risk factors, and the rate of cardiovascular complications after myocardial infarction: final report of the Lyon Diet Heart Study
Tras un primer infarto, el grupo con dieta de tipo mediterráneo tuvo 14 muertes cardiacas o infartos no mortales frente a 44 con una dieta occidental prudente en un seguimiento medio de 46 meses; al añadir angina inestable, ictus, insuficiencia cardiaca y embolias, 27 frente a 90 eventos. Los cocientes de riesgo ajustados estuvieron entre 0,28 y 0,53.
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Mediterranean-style diet for the primary and secondary prevention of cardiovascular disease
30 ensayos con 12.461 participantes. En el reanálisis de PREDIMED no se vio efecto claro sobre la mortalidad cardiovascular (HR 0,81; IC 95 % 0,50–1,32) ni total (HR 1,0), pero sí menos ictus (HR 0,60; IC 95 % 0,45–0,80; de 24 a 14 por 1.000), con certeza moderada. En prevención secundaria, el estudio de Lyon mostró menos mortalidad cardiovascular (HR 0,35) y total (HR 0,44), con certeza baja. La revisión concluye que sigue habiendo incertidumbre sobre los eventos clínicos y que faltan datos en prevención secundaria (CORDIOPREV se publicó después).
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Primary Prevention of Cardiovascular Disease with a Mediterranean Diet Supplemented with Extra-Virgin Olive Oil or Nuts
7.447 personas de 55 a 80 años (57 % mujeres) con alto riesgo cardiovascular y sin enfermedad cardiovascular, asignadas a dieta mediterránea con aceite de oliva virgen extra, dieta mediterránea con frutos secos o dieta control baja en grasa. En una mediana de 4,8 años hubo eventos cardiovasculares mayores (infarto, ictus o muerte cardiovascular) en el 3,8 %, el 3,4 % y el 4,4 %, respectivamente: HR 0,69 (IC 95 % 0,53–0,91) con aceite y 0,72 (IC 95 % 0,54–0,95) con frutos secos.
Las grasas trans industriales (de aceites parcialmente hidrogenados en bollería, frituras y snacks antiguos) suben el colesterol LDL y bajan el HDL; cada 2 % de las calorías en forma de grasas trans se asocia con un 23 % más de riesgo coronario. En la Unión Europea están limitadas desde abril de 2019 a 2 g por cada 100 g de grasa en los alimentos, por lo que hoy su presencia es baja, pero conviene revisar etiquetas de productos importados.
Fuente: American College of Cardiology (ACC) y American Heart Association (AHA) (Arnett DK y cols.). Circulation 2019;140(11):e596–e646; European Society of Cardiology (ESC) y 12 sociedades médicas, con la contribución especial de la European Association of Preventive Cardiology (EAPC) (Visseren FLJ, Mach F y cols.). European Heart Journal 2021;42(34):3227–3337 (consultada en su traducción oficial, Russian Journal of Cardiology 2022;27(7):5155)
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2019 ACC/AHA Guideline on the Primary Prevention of Cardiovascular Disease
La guía clasifica el consumo de grasas trans como perjudicial.
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2021 ESC Guidelines on cardiovascular disease prevention in clinical practice
La guía europea indica que un aumento del 2 % de la energía en forma de grasas trans eleva un 23 % el riesgo de enfermedad coronaria, recuerda el límite europeo de 2 g por 100 g de grasa (abril de 2019) y aconseja minimizar las grasas trans de alimentos procesados.
Comer más carne procesada (embutidos, salchichas, bacon, fiambres) se asocia con alrededor de un 7 % más de enfermedad cardiovascular aterosclerótica, y la carne roja sin procesar con un 3 % más. La guía europea aconseja no pasar de 350–500 g de carne roja a la semana y reducir al mínimo la procesada; cambiarla por legumbres, frutos secos, soja o pescado sí mejora el colesterol LDL. Limitar la carne procesada reduce además la sal: el jamón cocido loncheado tiene 814 mg de sodio por 100 g. Con una reducción de 3 raciones semanales, la asociación con menos infartos e ictus es muy pequeña y de baja certeza.
Fuente: American College of Cardiology (ACC) y American Heart Association (AHA) (Arnett DK y cols.). Circulation 2019;140(11):e596–e646; European Society of Cardiology (ESC) y 12 sociedades médicas, con la contribución especial de la European Association of Preventive Cardiology (EAPC) (Visseren FLJ, Mach F y cols.). European Heart Journal 2021;42(34):3227–3337 (consultada en su traducción oficial, Russian Journal of Cardiology 2022;27(7):5155); U.S. Department of Agriculture, Agricultural Research Service; Annals of Internal Medicine (Zeraatkar D y cols.) 2019;171(10):703–710 (resumen en PubMed, PMID 31569213)
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2019 ACC/AHA Guideline on the Primary Prevention of Cardiovascular Disease
La guía define la carne procesada como la conservada mediante ahumado, curado, salado o conservantes químicos, y basa la recomendación en estudios observacionales.
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2021 ESC Guidelines on cardiovascular disease prevention in clinical practice
La guía cita un análisis en el que más carne procesada y más carne roja sin procesar se asocian con un 7 % y un 3 % más de riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica, reconoce que reducir solo la carne roja puede tener poco efecto sobre los eventos y que sustituirla por alimentos vegetales de calidad mejora el colesterol LDL. Propone un máximo de 350–500 g de carne roja por semana.
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FoodData Central (SR Legacy)
Jamón cocido loncheado (11 % de grasa): 814 mg de sodio por 100 g.
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Red and Processed Meat Consumption and Risk for All-Cause Mortality and Cardiometabolic Outcomes: A Systematic Review and Meta-analysis of Cohort Studies
55 cohortes con más de 4 millones de participantes. Reducir 3 raciones semanales de carne procesada se asocia con una disminución muy pequeña de la mortalidad total y cardiovascular, del ictus, del infarto y de la diabetes tipo 2; lo mismo para la carne roja sin procesar. La certeza es baja por factores de confusión, diseño observacional y errores de memoria en las encuestas.
Comer pescado, mejor azul (salmón, sardina, caballa, boquerón), al menos una vez por semana se asocia con un 16 % menos de enfermedad coronaria, y 2 a 4 raciones semanales con un 6 % menos de ictus (un 12 % menos con 5 o más); el riesgo más alto se ve en quienes casi no comen pescado. La guía europea propone 1–2 raciones semanales. Las cápsulas de aceite de pescado no han mostrado el mismo efecto sobre el ictus en ensayos, lo que sugiere que el beneficio viene del alimento completo y de que sustituye a la carne. Por 100 g: salmón de piscifactoría cocinado 0,69 g de EPA y 1,46 g de DHA; sardina en aceite 0,47 g de EPA y 0,51 g de DHA.
Fuente: American College of Cardiology (ACC) y American Heart Association (AHA) (Arnett DK y cols.). Circulation 2019;140(11):e596–e646; European Society of Cardiology (ESC) y 12 sociedades médicas, con la contribución especial de la European Association of Preventive Cardiology (EAPC) (Visseren FLJ, Mach F y cols.). European Heart Journal 2021;42(34):3227–3337 (consultada en su traducción oficial, Russian Journal of Cardiology 2022;27(7):5155); BMJ (Chowdhury R y cols.) 2012;345:e6698 (texto en PMC, PMC3484317; PMID 23112118); U.S. Department of Agriculture, Agricultural Research Service
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2019 ACC/AHA Guideline on the Primary Prevention of Cardiovascular Disease
El pescado forma parte del patrón recomendado en prevención primaria.
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2021 ESC Guidelines on cardiovascular disease prevention in clinical practice
La guía recoge que comer pescado al menos una vez por semana se asocia con un 16 % menos de enfermedad coronaria y 2–4 veces por semana con un 6 % menos de ictus; varios metaanálisis y una revisión Cochrane no muestran beneficio claro de los suplementos de aceite de pescado sobre eventos o mortalidad. La tabla de dieta saludable propone pescado 1–2 veces por semana, sobre todo azul.
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Association between fish consumption, long chain omega 3 fatty acids, and risk of cerebrovascular disease: systematic review and meta-analysis
26 cohortes y 12 ensayos (794.000 personas, 34.817 eventos cerebrovasculares). En cohortes, 2–4 raciones de pescado por semana frente a 1 o menos: RR 0,94 (IC 95 % 0,90–0,98); 5 o más frente a 1: RR 0,88 (0,81–0,96). Los suplementos de omega-3 en ensayos no redujeron el ictus (prevención primaria RR 0,98; secundaria RR 1,17). Los autores atribuyen el beneficio al conjunto de nutrientes del pescado.
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FoodData Central (SR Legacy)
Por 100 g: salmón atlántico de piscifactoría cocinado, 0,69 g de EPA y 1,46 g de DHA; sardina atlántica en aceite escurrida, 0,47 g de EPA y 0,51 g de DHA.
Cada bebida azucarada diaria (un refresco) se asocia con un 8 % más de enfermedad cardiovascular y un 8 % más de muerte cardiovascular; en la cohorte de enfermeras estadounidenses, tomar dos al día frente a una al mes se asoció con un 35 % más de enfermedad coronaria. Se recomienda que los azúcares libres (añadidos y los de zumos y miel) no pasen del 10 % de las calorías (unos 50 g al día en una dieta de 2.000 kcal), y la guía europea desaconseja refrescos y zumos de fruta. Un refresco de cola normal tiene unos 10 g de azúcar por 100 ml (unos 33 g por lata). Las bebidas con edulcorantes también se asocian con más riesgo en cohortes, aunque esos datos pueden estar sesgados.
Fuente: American College of Cardiology (ACC) y American Heart Association (AHA) (Arnett DK y cols.). Circulation 2019;140(11):e596–e646; European Society of Cardiology (ESC) y 12 sociedades médicas, con la contribución especial de la European Association of Preventive Cardiology (EAPC) (Visseren FLJ, Mach F y cols.). European Heart Journal 2021;42(34):3227–3337 (consultada en su traducción oficial, Russian Journal of Cardiology 2022;27(7):5155); U.S. Department of Agriculture, Agricultural Research Service; Organización Mundial de la Salud (OMS); Advances in Nutrition (Yin J y cols.) 2021;12(1):89–101 (texto en PMC, PMC7850046; PMID 32696948)
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2019 ACC/AHA Guideline on the Primary Prevention of Cardiovascular Disease
Recomendación basada en estudios observacionales sobre patrones de alimentación y mortalidad cardiovascular.
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2021 ESC Guidelines on cardiovascular disease prevention in clinical practice
La guía cita que dos bebidas azucaradas al día frente a una al mes se asociaron con un 35 % más de enfermedad coronaria en mujeres del Nurses' Health Study, y su tabla de dieta saludable desaconseja refrescos y zumos de fruta.
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FoodData Central (SR Legacy)
Refresco de cola normal: 9,94 g de azúcares y 10,4 g de hidratos de carbono por 100 g, sin fibra.
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Guideline: sugars intake for adults and children
La OMS basa sus recomendaciones en el aumento de peso y la caries dental, no en eventos cardiovasculares.
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Intake of Sugar-Sweetened and Low-Calorie Sweetened Beverages and Risk of Cardiovascular Disease: A Meta-Analysis and Systematic Review
Metaanálisis de cohortes (11 artículos sobre bebidas azucaradas; 16.915 casos de enfermedad cardiovascular y 18.042 muertes cardiovasculares). Cada ración diaria más de bebida azucarada se asoció con un 8 % más de enfermedad cardiovascular (RR 1,08; IC 95 % 1,02–1,14) y un 8 % más de muerte cardiovascular (RR 1,08; 1,04–1,13). Las bebidas con edulcorantes bajos en calorías también se asociaron con más riesgo (RR 1,07), con posible causalidad inversa y confusión residual.
Comer menos sal baja la (de media unos 6 mmHg de sistólica en personas con y unos 2 mmHg sin ella), y según un recogido por la guía europea, reducir unos 2,5 g de sal al día se asocia con un 20 % menos de eventos cardiovasculares. En Europa se toman unos 9–10 g diarios; el máximo recomendado es 5 g (unos 2 g de ) y el ideal, unos 3 g. La forma más eficaz probada es usar un sustituto de sal con potasio (75 % cloruro sódico y 25 % cloruro potásico) para cocinar y aliñar: en personas mayores de 60 años con hipertensión o con un ictus previo bajó un 14 % los ictus, un 13 % los eventos cardiovasculares mayores y un 12 % las muertes en unos 5 años. La mayor parte de la sal está en alimentos elaborados: pan, embutidos, quesos curados, conservas y platos preparados. Por 100 g: pan blanco de molde 490 mg de sodio; jamón cocido loncheado 814 mg; parmesano 1.180 mg; alubias cocidas sin sal 6 mg frente a 242 mg con sal. Quien tenga enfermedad renal o tome fármacos que retienen potasio debe consultar antes de usar sal con potasio.
Fuente: American College of Cardiology (ACC) y American Heart Association (AHA) (Arnett DK y cols.). Circulation 2019;140(11):e596–e646; European Society of Cardiology (ESC) y 12 sociedades médicas, con la contribución especial de la European Association of Preventive Cardiology (EAPC) (Visseren FLJ, Mach F y cols.). European Heart Journal 2021;42(34):3227–3337 (consultada en su traducción oficial, Russian Journal of Cardiology 2022;27(7):5155); Neal B y cols. New England Journal of Medicine 2021;385(12):1067–1077 (resumen en PubMed, PMID 34459569). Registro NCT02092090; U.S. Department of Agriculture, Agricultural Research Service; Organización Mundial de la Salud (OMS)
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2019 ACC/AHA Guideline on the Primary Prevention of Cardiovascular Disease
La guía de prevención primaria agrupa en esta recomendación el colesterol y la sal de la dieta.
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2021 ESC Guidelines on cardiovascular disease prevention in clinical practice
La guía recoge que reducir la sal baja la sistólica unos 5,8 mmHg en hipertensos y 1,9 mmHg en normotensos, y que un metaanálisis asoció una reducción de 2,5 g/día con un 20 % menos de eventos ateroscleróticos (RR 0,8). Fija como objetivo menos de 5 g de sal al día (óptimo unos 3 g) frente a los 9–10 g habituales en países occidentales, y comenta que la posible relación en J con consumos muy bajos puede deberse a enfermedad y desnutrición.
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Effect of Salt Substitution on Cardiovascular Events and Death (SSaSS)
Ensayo aleatorizado por conglomerados en 600 aldeas rurales de China con 20.995 personas (edad media 65,4 años; 49,5 % mujeres; 72,6 % con ictus previo; 88,4 % con hipertensión). El sustituto de sal (75 % cloruro sódico, 25 % cloruro potásico) frente a la sal normal redujo el ictus (29,14 frente a 33,65 por 1.000 personas-año; RR 0,86; IC 95 % 0,77–0,96), los eventos cardiovasculares mayores (RR 0,87; 0,80–0,94) y la muerte (RR 0,88; 0,82–0,95) en una media de 4,74 años. Los eventos adversos graves por hiperpotasemia no aumentaron (3,35 frente a 3,30 por 1.000 personas-año; RR 1,04; 0,80–1,37).
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FoodData Central (SR Legacy)
Sodio por 100 g: pan blanco de molde 490 mg; jamón cocido loncheado (11 % de grasa) 814 mg; parmesano curado 1.180 mg; alubias blancas cocidas sin sal 6 mg y cocidas con sal 242 mg.
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Guideline: sodium intake for adults and children
La OMS recomienda que los adultos bajen el consumo de sodio a menos de 2 g al día (5 g de sal) y que se reduzca también en niños para bajar la tensión.
Cambiar mantequilla, carnes grasas, embutidos y lácteos enteros por aceite de oliva, aceites vegetales, frutos secos y pescado reduce los eventos cardiovasculares. Al sustituir un 5 % de las calorías de grasa saturada, el riesgo coronario baja alrededor de un 25 % si se cambia por grasa poliinsaturada, un 15 % por monoinsaturada y un 9 % por cereales integrales; cambiarla por azúcares refinados no aporta beneficio. En los ensayos, reducir la grasa saturada evitó un evento por cada 56 personas tratadas unos 4 años en prevención primaria (53 en secundaria). Objetivo: menos del 10 % de las calorías como grasa saturada. Por 100 g: mantequilla 51,4 g de grasa saturada; aceite de oliva 13,8 g de saturada y 73 g de monoinsaturada.
Fuente: American College of Cardiology (ACC) y American Heart Association (AHA) (Arnett DK y cols.). Circulation 2019;140(11):e596–e646; European Society of Cardiology (ESC) y 12 sociedades médicas, con la contribución especial de la European Association of Preventive Cardiology (EAPC) (Visseren FLJ, Mach F y cols.). European Heart Journal 2021;42(34):3227–3337 (consultada en su traducción oficial, Russian Journal of Cardiology 2022;27(7):5155); U.S. Department of Agriculture, Agricultural Research Service; Cochrane Database of Systematic Reviews (Hooper L y cols.) 2020;8:CD011737 (resumen en PubMed, PMID 32827219)
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2019 ACC/AHA Guideline on the Primary Prevention of Cardiovascular Disease
En la guía de prevención primaria de 2019 la recomendación tenía fuerza moderada.
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2021 ESC Guidelines on cardiovascular disease prevention in clinical practice
La guía cita que la sustitución isocalórica de la grasa saturada se asocia con menos enfermedad coronaria: alrededor de −25 % con poliinsaturada, −15 % con monoinsaturada y −9 % con hidratos de cereales integrales. La tabla de dieta saludable fija la grasa saturada por debajo del 10 % de la energía.
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FoodData Central (SR Legacy)
Por 100 g: mantequilla con sal, 51,4 g de grasa saturada; aceite de oliva, 13,8 g de grasa saturada, 73,0 g de monoinsaturada y 10,5 g de poliinsaturada.
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Reduction in saturated fat intake for cardiovascular disease
15 ensayos aleatorizados (56.675 participantes) de al menos 24 meses: reducir la grasa saturada bajó un 17 % los eventos cardiovasculares combinados (RR 0,83; IC 95 % 0,70–0,98; 12 ensayos), y más cuanto más bajaba el colesterol. Hubo que tratar a 56 personas unos 4 años en prevención primaria (53 en secundaria) para evitar un evento. Sin efecto claro sobre la mortalidad total (RR 0,96) ni cardiovascular (RR 0,95).